Dichosos marrones
Hace mucho que me trago marrones. Podría tragarme todas las tetas del mundo. Y todos los coños también. Comérmelos con avaricia. Pero de un tiempo a esta parte me caen marrones por todo lados. Es lo que tiene el guruseo. De pronto tienes que ejercer y te joden la siesta, el polvo de después de comer, y te obligan a parecer que sabes cosas.
En fin, el Castillo hay que pagarlo, y en esta ocasión no hablo del castillo virtual, sino del otro real, ese que cada vez vale menos y cuesta más pagarlo. A cambio, ya que nunca se me dio bien hacer el pino con las orejas, no queda otra que decir que sí. Y lo peor es que ni tan siquiera es un marrón teñido o acompañado de rosa, de largas piernas o de senos turgentes.
Desde luego, mi pineal que no para de agitarse parece tener que luchar contra los elementos. Da igual, no acabarán con mi satiriasis…
(Para demostrarlo os actualizo “La Puerta de los Vídeos” con un estupendo vídeo de una pareja de esas que disfrutan con el riesgo y en público. Especialmente dedicado a Noctámbulo y su Tigresa, cuyo blog no podéis perderos)
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Mamaditas
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